Hay un momento justo después de cada campaña, como pueden ser las rebajas, los cambios de temporada o acciones puntuales como el Día de la Madre o las comuniones, que todo el mundo conoce pero nadie nombra: cuando el ritmo baja, miras alrededor y te das cuenta de que el sitio sigue lleno. Cajas que no encontraron comprador, decoración que ya no encaja con el mes que toca, embalajes especiales que sobraron. Todo eso sigue ahí, ocupando los metros que tú necesitas para lo que viene.