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¿Te desbordan los cierres de campaña? Así te ayuda un almacén con el stock estacional

Estrés por gestión de stock durante cierre de campaña en negocio con alta demanda

Hay un momento justo después de cada campaña, como pueden ser las rebajas, los cambios de temporada o acciones puntuales como el Día de la Madre o las comuniones, que todo el mundo conoce pero nadie nombra: cuando el ritmo baja, miras alrededor y te das cuenta de que el sitio sigue lleno. Cajas que no encontraron comprador, decoración que ya no encaja con el mes que toca, embalajes especiales que sobraron. Todo eso sigue ahí, ocupando los metros que tú necesitas para lo que viene.

Con la llegada de mayo (el Día de la Madre, las comuniones, el cambio a la colección de verano) ese espacio tiene un precio real. No en sentido figurado: lo que no puedes meter porque ya no cabe, lo dejas de vender. O lo pides menos. O llegas con menos margen del que querrías.

El problema no suele ser la falta de metros. Suele ser que nadie se para a decidir qué necesita estar a mano y qué puede estar en otro sitio.

Abril-mayo: el momento de poner orden en tu almacén

Si hay un periodo del año en el que tiene sentido parar a reorganizar, es este. No porque sea especialmente cómodo, sino porque es el único hueco real que deja la temporada de primavera antes de que lleguen los siguientes picos.

Semana Santa ha cerrado. El Día de la Madre está en el horizonte, pero aún hay margen. Las comuniones también. Es un momento extraño, de esos en los que el negocio respira un poco, y precisamente por eso es donde se decide si vas a llegar bien a lo que viene o vas a llegar arrastrando el caos de lo que pasó.

Quien no aprovecha esta ventana no es que lo haga mal, es que simplemente no tiene el sistema para hacerlo. Y sin sistema, cada campaña empieza con las condiciones de la anterior sin resolver.

¿Qué es el stock estacional y por qué importa cómo lo almacenas?

El stock estacional no es un concepto complicado: son los productos cuya demanda se concentra en fechas concretas y desaparece el resto del año. La ropa de abrigo en febrero, la decoración pascual en marzo, el material de comuniones entre mayo y junio, el escolar en septiembre. Fuera de esas ventanas, ese stock sigue ocupando espacio, pero no se vende ni rota, lo que significa tener producto inmovilizado que no está generando ingresos.

El error más común no es tenerlo; es no decidir dónde va cuando deja de ser de temporada. Se mezcla con el producto activo, se guarda “por ahí”, acaba en condiciones que no son las ideales, y cuando vuelve su momento… o ya no está o está peor de lo que debería.

Hay un concepto logístico detrás de todo esto que se llama inventario estacional, y que básicamente plantea que estos productos necesitan una gestión diferenciada: saber cuánto tienes, en qué estado está, dónde está guardado y cuándo volverá a ser relevante. No es complicado, pero requiere que alguien lo decida.

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Qué pasa cuando lo guardas todo “como puedes”

La mayoría de negocios pequeños no tienen un sistema claro para gestionar lo que sobra de una campaña. Lo normal es encontrar sitio donde se pueda, anotar mentalmente que “ya lo ordenaré” y seguir con lo urgente. Es comprensible, porque cuando se cierra una campaña lo que menos apetece es ponerse a reorganizar.

Pero hay consecuencias concretas que se van acumulando:

  • El almacén pierde legibilidad. Encontrar un producto concreto deja de ser fácil y pasa a depender de quién lo guardó y si recuerda dónde.
  • No hay espacio para recibir nueva mercancía con orden. La colección de verano llega y hay que hacer sitio a golpe de improvisación.
  • El inventario deja de ser fiable. Si no sabes exactamente qué tienes guardado, tampoco sabes bien qué necesitas pedir, y eso se traduce en sobrestock o en quedarte corto.
  • El tiempo que se pierde en estos procesos es difuso pero real. No aparece en ninguna factura, pero está.

Ninguno de estos problemas es dramático por sí solo. Juntos, hacen que cada campaña sea un poco más difícil que la anterior.

Ventajas reales de separar y almacenar el stock estacional

Cuando separas físicamente lo que no es de temporada activa, lo primero que pasa es lo más obvio: recuperas espacio. Pero hay otras cosas que ocurren que quizás no son tan evidentes.

El stock que se guarda en condiciones adecuadas llega a la siguiente temporada en mucho mejor estado. Parece una obviedad, pero no lo es tanto cuando lo habitual es meter las cajas en el rincón que queda libre, con la humedad y el polvo que eso implica. Además, tener controlado lo que tienes fuera cambia la forma en que planificas las compras: no compras lo que ya tienes, ni te quedas sin lo que se vendió bien.

Y después está el ritmo de trabajo. Cuando cada temporada tiene su sitio, el cambio entre campañas se vuelve muchísimo más fluido. Es cuestión de contar con el espacio para poder organizar el stock de otra manera.

Cuándo conviene usar un almacén externo

No todo lo que tienes necesita estar en tu local. Hay una parte del inventario que, en función del momento del año, simplemente no tiene razón de estar a mano, y moverla fuera libera mucho más de lo que parece.

Algunos casos habituales con los que trabajamos:

  • La decoración y el material temático de Semana Santa o carnaval, que no vuelves a necesitar hasta el año que viene.
  • Ropa o productos de temporada que tienen salida en su momento pero no ahora, y que vale la pena conservar bien en lugar de liquidar.
  • Material escolar preparado con antelación para la campaña de septiembre, que si se guarda en mayo ya no presiona el espacio en agosto.
  • El stock de invierno que no quieres rematar pero que tampoco tiene recorrido en primavera.
  • Espacio libre para recibir lo que viene: si sabes que en mayo llega la colección de verano entera, poder recibirla con orden cambia bastante la logística.

Un almacén externo no es el plan B de cuando ya no hay sitio. Es el plan A de quien piensa con un poco de antelación.

Tras el pico de stock estacional, empieza la estrategia de almacenaje

Hay negocios que llegan a cada campaña con el almacén listo y negocios que llegan corriendo. La diferencia casi nunca está en el tamaño del local ni en el volumen de stock. Está en si alguien se tomó el tiempo, en el momento de calma anterior, de decidir qué se queda y qué puede esperar fuera.

Separar físicamente lo que no es de temporada activa no es una solución de emergencia. Es lo que permite trabajar con claridad en lo que está pasando ahora, sin perder de vista lo que vendrá después.

En Trastering llevamos más de una década trabajando con autónomos y pequeños negocios que necesitan exactamente esto: un sitio donde guardar lo que no toca ahora, acceso fácil cuando vuelva a tocar. Almacenes de distintos tamaños en Madrid y Barcelona, acceso directo con vehículo, sin contratos largos ni papeleo. Si estás en ese momento en el que el espacio empieza a apretar, merece la pena echarle un vistazo.

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  • Madrid: Vicálvaro-Madrid, Móstoles-Alcorcón y Fuenlabrada-Leganés.
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